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Mi vida se ha convertido, reducido o ampliado, a leer libros en papel, escribir narrativa, a intentar textos poéticos y en lo reciente, ensayos. A asistir a encuentros literarios en Colombia, a promover la lectura en comunidades, escuelas y colégios; aún no me invitan universidades en las que más falta lectura. Camino día por medio. Cocino todos los días. En fin; como dicen en casa, no hago nada.
Tráiler de la novela SIEMBRA DE URÓBOROS
https://www.youtube.com/watch?v=CNUKwWjk_d4
Mi vida se ha convertido, reducido o ampliado, a leer libros en papel, escribir narrativa, a intentar textos poéticos y en lo reciente, ensayos. A asistir a encuentros literarios en Colombia, a promover la lectura en comunidades, escuelas y colégios; aún no me invitan universidades en las que más falta lectura. Camino día por medio. Cocino todos los días. En fin; como dicen en casa, no hago nada.
Parábola de ciencia ficción,
macabra distopía al mismo tiempo que ensayo narrativo crítico de la angustiosa
época contemporánea, SIEMBRA DE URÓBOROS es una inquietante novela acerca de
nuestro porvenir no solo como especie sino, además, como individuo social.
Año 2024, Diálogos con escritores, antología publicada por Editorial AVANT de España
Diálogo 10, Miscíades Arévalo, el vendedor de espantapájaros. Fragmento:
En una entrevista hecha para la revista cultural Abisinia de Argentina en noviembre 21 del año 2021, Milcíades Arévalo le respondió a Andrea Pinzón Escobar algunas preguntas personales. Omito las preguntas y les dejo sus respuestas literales: «Mi niñez fue la de un niño que soñaba que lo tenía todo sin tener nada. Aurora era mi madre. Mi padre era diferente. Se llamaba Artemidoro, trabajaba en diferentes oficios: fue yuntero, hacía túneles, sembraba trigo en las haciendas vecinas, domaba bestias, fue sepulturero en su pueblo, jefe de líneas en el ferrocarril del nordeste y murió pobre. A ninguno de mis padres admiraba. Sencillamente los quería. El Cruce de los Vientos es un lugar mágico a la orilla de una montaña de sal. Lo que sé, se lo debo a los libros que he leído, a la vida que he vivido en toda su intensidad y a la terquedad de creer que la vida vale la pena a pesar de que el dolor pesa más que la pena».
Bienvenido sea usted a leer estas líneas, estimado lector. Dejar en su conocimiento a un hombre, a su literatura y a su legado es el motivo de mi ensayo. Por sus obras los conoceréis es una máxima antigua, yo la retomo para este fin. Según San Mateo 7, 16, Jesucristo lo dijo frente a sus escuchas dándoles a conocer la causa por el resultado. Si bien ahora no viene al caso desviar la atención, es posible que la expresión fuera dicha con anterioridad, pero que a falta de celebridad en aquella época el fulano o los fulanos oradores que la usaran se quedaran sin registro, recónditos, lo mismo que le sucede a Milcíades Arévalo en esta actualidad. ¡Ojo! Autor vivo, sin el debido reconocimiento, lo que pretendo, ojalá más en mucho que en poco, rectificar."
Mi vida se ha convertido, reducido o ampliado, a leer libros en papel, escribir narrativa, a intentar textos poéticos y en lo reciente, ensayos. A asistir a encuentros literarios en Colombia, a promover la lectura en comunidades, escuelas y colégios; aún no me invitan universidades en las que más falta lectura. Camino día por medio. Cocino todos los días. En fin; como dicen en casa, no hago nada.
Mi vida se ha convertido, reducido o ampliado, a leer libros en papel, escribir narrativa, a intentar textos poéticos y en lo reciente, ensayos. A asistir a encuentros literarios en Colombia, a promover la lectura en comunidades, escuelas y colégios; aún no me invitan universidades en las que más falta lectura. Camino día por medio. Cocino todos los días. En fin; como dicen en casa, no hago nada.
Mi vida se ha convertido, reducido o ampliado, a leer libros en papel, escribir narrativa, a intentar textos poéticos y en lo reciente, ensayos. A asistir a encuentros literarios en Colombia, a promover la lectura en comunidades, escuelas y colégios; aún no me invitan universidades en las que más falta lectura. Camino día por medio. Cocino todos los días. En fin; como dicen en casa, no hago nada.